15.5.16

Elogio de la mala música

Por Marcel Proust

Aborreced la mala música, mas no la despreciéis (...) Poco a poco se ha ido llenando del sueño y de las lágrimas de los hombres (...) Su lugar, inexistente en la historia del arte, es inconmensurable en la historia de las sociedades (...) El pueblo, la burguesía, el ejército, la aristocracia, al compartir a los mismos carteros, portadores del duelo que los acongoja o de la felicidad que los colma, tienen los mismos mensajeros del amor, los mismos bienamados confesores. Estos son los malos músicos. Un desafortunado refrán, que todo oído bien nacido y bien educado se niega de inmediato a oír, recibió el tesoro de miles de almas, guarda el secreto de miles de vidas, de las que fue la inspiración viviente, el consuelo siempre renovado, siempre entre abierto en el atril del piano (...) Un cuaderno de malos romances desgastado por su excesivo uso, debe conmovernos al igual que un cementerio o una aldea. ¡Qué importa que las casas no tengan estilo, que las tumbas desaparezcan bajo las inscripciones o los ornamentos de mal gusto! De este polvo puede volar, ante una imaginación lo suficientemente simpática y respetuosa para acallar por un momento sus desdénes estéticos, la nube de almas que se elevan llevando en su pico el sueño aún verde que les hacía presentir el otro mundo o llorar en esta tierra. 





Traducción de Fabienne Bradu
Revista Pauta

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