19.3.16

Introducción

Por Maximiliano Cruz

Las entrevistas que conforman el presente libro develan una puesta en duda como constante en el impulso creador de todos los interpelados. Un modo de vida, más que una elección, donde el lenguaje prefigura el entorno de esta nueva especie de demiurgo de la imagen, que delibera cada paso que da. 
La obra en conjunto de los aquí reunidos (todos realizadores en activo) semeja aquella franja turbulenta donde chocan y se mezclan dos océanos: aquel registro de la realidad --o al menos, el de la intención por embarcarse en tan incierta empresa-- embestido por aquel otro mar no menos agitado, el de la ficción o reinvención de la vida --su resignificación, en todo caso--, acto inmanente a la humanidad misma y que se manifiesta inclusive, en el más depurado registro documental de un mundo cada vez más escurridizo.
Diversas posturas toman estos realizadores para acometer el suceso cinematográfico. "Soy actor de una realidad. No someto al entorno que acabo de descubrir. Lo integro como puedo". De esta forma, Denis Côté revela el contexto en el que inyecta la carga dramática a la realidad donde acontecen sus historias, a las atmósferas, paisajes y locaciones que reaccionan a los conflictos que animan a los personajes (algunos de ellos, por cierto, pertenecientes al reino animal). Es, quizás, esa misma "expectativa silenciosa de lo desconocido" que ronda el delicado imaginario de Saodat Ismailova, fincado en la oralidad y el recuerdo (y en la idea de las películas como caleidoscopios), lo que hace que Côté confiese que su mirada frente frente a lo que filma sea "como la de un niño de seis años que se sorprende de todo". Para James Benning, por el contrario, el quehacer cinematográfico radica en un convencimiento de que "todo en la vida es memoria" pues "el presente no tiene una dimensión, no existe".
Así, hacer películas se convierte en una rigurosa arqueología del discurrir temporal a partir de la observación. Ver y escuchar con su cámara le han significado a Benning el poder de fijar fragmentos de memoria perceptiva en material fílmico, trascendido finalmente por estructuras matemáticas de montaje y apreciación (en años recientes, James Benning ha incursionado también en el marasmo digital con positivos resultados). 
En coordenadas paralelas se posiciona Leos Carax, para quien el cine es una extensión de la vida interior donde le es permitido batir los miedos y debilidades del existir. El cine como un acto de valentía. "Necesitas tener valor para cualquier cosa que se te presente en la vida. Valentía poética, valentía política". Valentía igualmente propone Natalia Almada en su reivindicación del gesto como protagonista del relato, o la coronación de la intimidad a través del lente (Bani Koushnoudi). La elipsis como herramienta para corregir la vida a través del mundo mejorado del cine (Martín Rejtman), visión compartida por el ángulo un poco menos optimista --o, mejor, un poco más pragmático-- de Sergei Loznitsa.

Acaso el dispositivo de la entrevista sea el camino de salida y entrada entre universos disímiles, pero hermanados por la inquietud. Acaso sea la llave de ignición del motor sagrado que precisamos como espectadores, y que nos emparenta con los forjadores de la creación. 


En 8 entrevistas a cineastas contemporáneos 
de Tatiana Lipkes
Mangos de Hacha, México, 2015




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