6.3.16

CCD + Centro Cultural Elena Garro: Foro de Neurociencia y Literatura


Ah, que tú escapes

Ah, que tú escapes en el instante
en el que ya habías alcanzado tu definición mejor.
Ah, mi amiga, que tú no quieras creer
las preguntas de esa estrella recién cortada,
que va mojando sus puntas en otra estrella enemiga.
Ah, si pudiera ser cierto que a la hora del baño,
cuando en una misma agua discursiva
se bañan el inmóvil paisaje y los animales más finos:
antílopes, serpientes de pasos breves, de pasos
    evaporados,
parecen entre sueños, sin ansias levantar
los más extensos cabellos y el agua más recordada.
Ah, mi amiga, si en el puro mármol de los adioses
hubieras dejado la estatua  que nos podía acompañar,
pues el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir. 
Lezama Lima

Mónica Nepote: Este poema de Lezama es literatura.
Desde el punto de vista de ustedes como médicos: ¿Qué nos pasa al escuchar un poema como éste, qué es lo que pasa cuando el lenguaje adquiere estas dimensiones, cómo lo vivimos y cómo lo experimentamos como escuchas y como lectores?

Jesús Ramírez-Bermúdez: La relación entre literatura, neurociencia y tecnología serán los puntos a tocar. Creo que la experiencia literaria es un concepto muy difícil de definir, es un fenómeno subjetivo, o mejor dicho, intersubjetivo, que nace de la comunicación aún cuando existe la figura del escritor como un ente solitario. Todo el tiempo es la evocación de un posible lector, entonces, es como dice António Damásio ─famoso médico neurólogo de origen portugués─ son “las memorias del futuro”, en este caso, del futuro posible lector. En el acto de la escritura, el escritor está imaginando a un posible lector, entonces debe suponer diferentes marcos teóricos y escenarios culturales. ¿Qué quiero hacerle ver? ¿Comparte mi lenguaje?
En primer lugar, la literatura es un fenómeno intersubjetivo que nace de un instinto de comunicación vinculado con el instinto solitario del autor. ¿Hasta qué punto esto está fraguado con el producto de la historia cultural de la modernidad? Entender la literatura como instinto solitario, sólo es una versión colectiva de la escritura como acontecimiento oral, y hay que recordar que existen otras versiones contemporáneas de la literatura, en donde es un quehacer más social. Muy al estilo del siglo XIX, efecto de un contexto cultural que permitía a ciertas personas escribir en la comodidad de su casa. Sentarse y reflexionar para escribir.

Mauricio Ortiz: La literatura sirve, como dice la introducción de las obras completas de Rulfo, en la que se menciona a un niño que se la pasa leyendo e imaginando… la literatura sirve o termina por hacer flojo al lector... La literatura es lo que te hace un holgazán, ésa sería mi primera definición. Me viene a la mente la idea francesa de la literatura como un espejo del mundo, bueno, si queremos asomarnos al mundo hay que leer literatura. Para Canetti, el escritor es un guardián de metamorfosis y la literatura es la única que puede hacerlo. La experiencia literaria… es decir, lo que me pasa a mí… la respuesta no es unívoca… a veces no me pasa nada, a veces me enojo, a veces me río, me caen “veintes”, las opciones están latentes, a veces es sólo una actividad solitaria… Kafka tenía la ilusión de encerrarse en el sótano a escribir literatura… La literatura se parece mucho a la vida y me cuesta trabajo distinguirla entre lo real. Los libros son parte de la vida…

Bruno Estañol: Para mí la literatura es lo inefable, es una inspiración que emana de poner en palabras lo que no se puede decir; aunque he escrito diversos ensayos no me considero un intelectual, me considero un escritor de ficción. La literatura es una posibilidad de soñar. Una lucha del escritor con las palabras para expresar aquello que no se puede expresar con palabras. He escrito mucho sobre la creatividad en el arte y en la ciencia, y considero que es lo mismo, que no hay diferencia entre filósofos escritores o médicos escritores: sólo hay acto creativo. Una lucha del escritor con las palabras para expresar aquello que no se puede expresar: lo inefable. Eso sería para mí la literatura.

Jesús Ramírez-Bermúdez: Retomando lo inefable, esta noción me recordó un texto de Gadamer ─filósofo alemán─, en el que estudia el caso de la poesía alemana, de autores como Paul Celan y otros poetas contemporáneos. Define el acto literario entendiéndolo como poesía, como el intento de nombrar lo innombrable.
También me recordó un texto de Octavio Paz que discute con Fernando Savater. El libro se llama Pasión crítica. Ahí discuten la relación entre la poesía y lo sagrado, como intento de captar esa dimensión innombrable de la experiencia. Savater le discute a Octavio Paz que quizá la poesía deriva de la experiencia de lo sagrado, pero Paz dice que es al revés, que la capacidad poética del ser humano es lo que permite y produce lo sagrado. Es decir, lo sagrado es una especie de experiencia estética por la que se accede gracias al trabajo poético. Ya sea poética, ensayística o narrativa, todas las formas de literatura son hechas con palabras. Puede haber muchas cosas que pueden hacerse con literatura combinándola con otros medios: con luz es cine, con cuerpos es teatro, con música es ópera, ya sean lenguajes artísticos o lenguajes del cerebro (procesos que son irreductibles y modificados por la cultura, pero hasta cierto límite. Uno de esos límites son las palabras), la literatura es primordialmente hecha con palabras.
Siendo el lenguaje un producto biológico o psicobiológico, la escritura es un producto cultural. El ser humano no nace con una genética de la escritura, sino que acontece de manera relativamente reciente, lo cual es un problema para las neurociencias que quieren estudiar el acto creativo.
Otro componente que me parece esencial para abordar el tema de la experiencia literaria es el juego. La dimensión lúdica de la literatura. Tomando unas palabras de mi maestro José Luis Díaz, él decía que el cerebro tiene una actitud de pretensión dentro de una experiencia artística. El lector (o el autor) evoca experiencias posibles pero inexistentes en este momento ─como el caso de un cuento en el que no estamos presentes físicamente─, pero suponemos que podrían existir. El juego de la literatura consiste precisamente en generar una evocación de experiencias posibles que se añaden a rastros sinestésicos que la literatura pone en juego, en una pretensión o juego de simulación ─fingir que se tiene lo que no se tiene─ o de disimulación ─fingir que no se tiene lo que se tiene─. La literatura es una doble articulación de esos dos procesos. Simulo que tengo enfrente un mundo ficticio y lo pongo en órbita y en escena. El lector establece el pacto conmigo. El autor hace un pacto para simular, un pacto de simulación y disimulación. El lector disimula que no sabe qué vida tiene el autor, suprime su juicio realista, lo suspende por un momento. Eso propiamente es el fenómeno de la imaginación literaria, que se distingue de otras formas de imaginación de arte; ahí es donde quizá las neurociencias puedan decir algo, digamos que la imaginación visual tiene un dominio de la imágenes que son posibles de adquirir por medio de la retina, datos que aparecen en el espacio y que posteriormente pueden ocurrir en el tiempo para generar movimiento, como lo hace el cine. En la literatura, ya sea guión, teatro, novela o alguna forma de literatura digital, lo que pueden decir las palabras, que no pueden decir otros lenguajes del cerebro, como la música o la pintura, son ciertos conceptos que sólo se pueden llegar a través de las palabras. En “Arte poética”, Borges dice:

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Ítaca
verde y humilde. El arte es esa Ítaca
de verde eternidad, no de prodigios.

Esta metáfora del “/arte como verde eternidad/” es un concepto abstracto, un concepto poético, es decir, una imagen poética abstracta que toma un elemento sensorial que es el verde y nos remite a las imágenes sensoriales de Ítaca, pero el concepto “eternidad” puede ser capturado con palabras, sin embargo, es difícil capturarlo en otros lenguajes artísticos. El meollo es qué cosa podemos alcanzar con la imaginación literaria, y en ese sentido, qué tipo de vehículos son las palabras para imaginar conceptos a los que sólo se pueden acceder por medio del lenguaje.

Mónica Nepote: A diferencia de otras artes, la literatura está hecha con lenguaje, éste nos pertenece a todos, lo tenemos y podemos hacer uso de él, a diferencia de la pintura o el cine, en el que necesitas otro tipo de entrenamiento, por así decirlo.
Me interesa la inmaterialidad del lenguaje. ¿Cómo hacerlo material, cómo repercute en el cuerpo, cómo está la escritura en el cuerpo del escritor desde el punto de vista médico, y cómo el cuerpo es recibido por el lector, cómo el lector puede recibir las palabras que hablan de su cuerpo y lo recrean?

Mauricio Ortiz: Bueno, no hay nada que no pueda decirse con palabras, incluso cuando dices “inefable” ─que es una palabra muy bonita─ ya estás nombrando todo aquello que no puedes nombrar, pero además de eso, las ciencias se inventan una nueva palabra para cosas inimaginables que no se saben dónde están. Todo el tiempo se usa el lenguaje para hablar de cosas que no existen. Sobre la inmaterialidad del lenguaje, pienso que es todo lo contrario: el lenguaje es material, lo generamos con todo el cuerpo, no sólo con la lengua y la laringe. Llama la atención, en el tema de las neurociencias, la noción de los núcleos cerebrales que manejan ciertas cosas. El núcleo o el área de Broca, convencionalmente se identifica como el lugar en el que se origina el lenguaje. Son esenciales el área de Broca y los otros núcleos; algo curioso: encuentran su función a través de su pérdida… el dedo gordo del pie es tan importante para el lenguaje, como el área de Broca. Todo el cuerpo importa en el lenguaje.  Cuando el escritor escribe, lo hace con todo su cuerpo. Tiene que estar sentado 6 u 8 horas, ése es un trabajo pesado, que exige disciplina. Alguna vez escuché de García Márquez su anécdota de cómo había encontrado el poder de las palabras. Contó que iba por la calle y una persona iba en bicicleta, súbitamente, un cura que venía pasando por ahí le grita: “¡Cuidado!”. El de la bicicleta se tira por ahí para no ser atropellado por un tranvía… El cura a partir del lenguaje salva al ciclista. Ésa es una referencia totalmente material del lenguaje. El lenguaje golpea no sólo el aire, lo mismo se siente cuando escuchamos nuestro nombre: un golpe. Escuchas con todo el cuerpo. El lenguaje todo es corporal, material. Lo mismo el lenguaje escrito; aprender a leer es aprender a oír con los ojos. Porque es una realidad que oyes con los ojos. Pasa con los diseñadores que cuando empiezan a poner colores a la tipografía suelen decir: “No, es que le estás metiendo ruido a la letra”, uno dice eso cuando lee un párrafo “no se oye bien; no suena bien”, oyendo con los ojos. Los ojos se convierten en un sistema auditivo en el acto de lectura o escritura. Entonces, en ese sentido, el lenguaje es un acto corporal, no hay manera de que no lo sea.

Mónica Nepote: Bruno, ¿tú que has abordado el tema de la creatividad, qué es lo que le pasa al escritor cuando se sienta ocho horas a escribir y qué le pasa cuando no puede escribir, cuando tiene un bloqueo, qué le pasa neurofisiológicamente?

Bruno Estañol: No hay receta para ser escritor. Le preguntaron a Beethoven si podía dar clases a otro músico para hacer una sinfonía, y él dijo: “No, porque a mí nadie me dio clases para escribir sinfonías”. Para ser escritor hay que hacer pacto con el diablo, esto significa que tienes que encontrar una manera propia idiosincrática para poder escribir eso que escribes, significa que tienes que sacrificar todo para ser escritor, y tener la fuerza para utilizar todo lo que te rodea. Aquí se citan a muchos escritores reconocidos, yo quiero citar a Johnny Guerra, un jugador de los Yankees, que dijo: “El pasado cada día es más difícil de predecir”.

Mauricio Ortiz: Recordé una definición de Thomas Mann sobre el escritor que dice: “El escritor es aquél que encuentra más difícil escribir que el común de las personas”.

Bruno Estañol: Quiero recordarles el caso de la neuróloga Alice Doherty, de Harvard,  que escribió un libro llamado: The Midnight Disease. Ella tuvo un aborto y luego consiguió unas gemelas en un segundo embarazo, aunque eso pueda parecer una alegría, a partir de ahí ella empezó a escribir en todos lados y desatendió al marido, a sus hijos, a todo, sólo era escribir y escribir para ella, incluso dejó de dormir y comer; esto se llama: hipergrafía o grafomanía. La internaron y le dieron neurolépticos. Después de salir de la hipergrafía, ella escribió ese libro, en el que contrasta la grafomanía con el bloqueo del escritor.
El bloqueo del escritor es algo que te puede durar toda la vida. En el libro Bartleby y compañía, de Vila-Matas, que trata sobre todos aquellos escritores que dejaron de escribir… Yo tengo la tentación de dejar de escribir. Creo que el escritor debe intentar sobrevivir, dijo Flaubert: “Yo no quiero que la literatura me mantenga, sólo quiero evitar que me arruine”. Ser escritor es la peor profesión de todas las profesiones, los escritores no ganan para mantenerse, pocos lo hacen, no hablo de escribanos, escritores en serio. Si te da el calambre del escritor que es una enfermedad neurológica que les daba a los amanuenses o escribanos, ─antes de que se inventara la máquina de escribir todo se hacía con la mano─ tu vida se arruina, no puedes depender de la escritura para vivir. Para estos temas basta consultar a Melville y su cuento “Bartleby, el escribiente” o Diario de un loco de Gogol, sobre un monje que escribe todo el día y de tanto escribir le daba un calambre en la mano, y sin más no podía hacerlo de nuevo. Hablando de lo que Mauricio dijo del cuerpo y el lenguaje, el bloqueo del escritor no es una metáfora acerca del agotamiento del poder creativo de la mente del escritor, sino que físicamente no puedes escribir. Curiosamente ese calambre les puede dar a los músicos o a toda persona que trabaje creativamente con las manos. Le dio a Schumann. Lo que él tenía era una distonía, un fenómeno en el que no puedes mover la mano para hacer tu trabajo.
Hay escritores prolíficos que considero sólo pueden hacerlo bebiendo o tomando café, pero la mayoría de los escritores tienen que vivir de otra cosa, ¡de algo tienen que vivir! Es evidente que el bloqueo del escritor te puede asaltar en cualquier momento y el problema que te asalte es cómo te ganas la vida después. Si hablamos de los escritores que han dejado de escribir como Rulfo, Salinger, Melville, queda claro que tuvieron que dejarlo porque buscaban una manera de subsistir que no cubría el acto de escritura por sí mismo.

Jesús Ramírez-Bermúdez: El lenguaje surge de una catapulta corporal. Me llama mucho la atención el writers block, que es una manera de entender médicamente el fenómeno de la literatura. Qué se pierde y qué debería de estar fluyendo en la escritura.
Les platicaré una historia: Mi padre, que era escritor, estuvo en la cárcel cuando recibió la visita de Juan Tovar, otro escritor, y éste le dijo que su esposa Elsa Cross habían tenido un sueño en el que unos sabios le decían que mi padre debía escribir sus sueños. Entonces, a mí padre que le encanta la fantasía, le parece buena idea que el sueño de una persona le dicte la orden a otra persona para escribir sus sueños. Él dice que lo hará en cuanto empiece a tener sueños, porque no había tenido ninguno. Curiosamente, esa misma noche tuvo sueños muy vívidos con una experiencia sensorial subyugante. Entonces empezó a escribir sus sueños. Hizo como mil cuartillas de los sueños que tuvo. De eso tenía que surgir una novela. Más o menos hizo esto en los años setenta. Se tardó unos treinta años en procesar la novela. En su experiencia decía que no podía escribir, que no había inspiración, decía que no fluía aunque ¡llevaba más de mil cuartillas! Pero una noche su mano no respondía. El texto se llama “El relato que Lucio escribe”, la novela se llama Acerca del fuego.  Lo que hay detrás de esta historia que acabo de contarles es una especie de simbiosis creativa entre varios sujetos que actúan para conformar un acto creativo. No sólo mi padre actúa para escribir una novela, también los sueños de otra persona lo hacen.
Además, la paradoja entre lo voluntario e involuntario en el proceso de creación, no sólo de la literatura, sino de cualquier tipo de actividad artística. Me viene a la mente Picasso que pintaba todo el tiempo para que la inspiración lo agarrara trabajando. ¿Cuáles son las fuerzas conscientes o involuntarias que dirigen el acto creativo, y en el que el sujeto observador, que dirige el acto, no las domina completamente, si no que se vuelve una especie de agente del acto creativo? Para los neuropsicólogos existe el concepto de “agencia” y se suele utilizar mucho en el terreno clínico. El síndrome de la mano alienígena (la mano parece que cobra vida propia) es un trastorno de la capacidad de agencia, que es una dimensión interesante y muy difícil de conceptualizar. ¿Qué es la agencia, sólo un observador o la agencia es una instancia de control o de monitoreo?
En el acto creativo creo que puede haber monitoreo y control, aunque también cierto relajamiento del control corporal que pueda permitir otros procesos que muchas veces son inconscientes o simbólicos, que me dan la impresión que pueden ser procesos transpersonales o transhistóricos.

Bruno Estañol: A veces el escritor o el artista se propone una cosa y hace otra, eso es muy interesante, puede ser que lo que haga sea mejor de lo que se propuso o al revés. Viene a cuento por la referencia a Picasso. Recuerdo otra de él, sobre el cuadro “Guernica”, que pintó en 1937, se dice que una vez se le acercó un nazi y le preguntó si él había pintado eso, y contestó: “No, ustedes lo hicieron”. A veces el escritor actúa involuntariamente, un gran ejemplo es Kafka.

Mónica Nepote: En El diario de Edith, de Patricia Highsmith, cuenta la historia de una mujer que vive en una situación familiar asfixiante. Empieza a tener muchos problemas con el marido cuando empieza a vivir el suegro con ellos, que está en condiciones muy malas físicamente, cuando no puede más, la protagonista hace un relato paralelo en su diario. Entonces, el relato se empieza a intercalar con su vida sofocante. Hay una fusión de perspectivas. Es un poco eso lo que pasa en el mundo interno del escritor, la inmersión hacia un mundo o una fabulación que no está en la realidad externa, ¿o sí? La novela plantea, de alguna manera, la metáfora de una fusión cerebral creativa.... ¿Qué pueden decirme al respecto?

Mauricio Ortiz: El ejemplo contrario al calambre del escribano, no es la parálisis sino el exceso de función. Tengo entendido que en golfistas y pitchers hay un movimiento involuntario muy pequeño, pero que en el momento de dar el swing, el pequeño movimiento puede echar a perder todo.

Jesús Ramírez-Bermúdez: como metáfora para entender ciertos problemas de la escritura, el movimiento que señala Mauricio es importante. Podría ser una especie de dismetría la que ocurre en este caso, en general, un deportista tiene que ir perfeccionando el control motor de sus movimientos pero al mismo tiempo sus movimientos deben tener mucha libertad. El deportista requiere controlar un exceso de movimiento. Llegar muy adelantado para un deportista puede ser fatal, es una función cerebelosa, de cálculo, en el que no debe haber ni exceso (hipermetría) o defecto (hipometría), que ni te pases ni te falte, pero sincronizado a estímulos que están en movimiento. Pasa mucho que cuando los beisbolistas son muy jóvenes son descontrolados. Por ejemplo, Fernando Valenzuela cuando estaba estresado era frecuente que volara las bolas; a Steve Sax le pasaba lo mismo. En el fútbol pasa algo similar, cuando a un futbolista le ponen una cámara enfrente, su desempeño cambia. Hay un exceso de movimiento cuando vuelan la pelota, porque deben liberar el exceso de movimiento para utilizar más fuerza, les falla ese control de motor fino y vuelan la pelota. Bajo la presión de la cámara su cuerpo no resiste y debe liberarse de alguna manera. En literatura puede ocurrir algo muy parecido. Si pensamos en la “dismetría cognitiva”, término que usa Nancy Andreasen ─neuróloga─, para hablar de la esquizofrenia; éste tipo de padecimiento es interesante si se liga con el terreno de la poesía, porque los discursos esquizofrénicos pueden ser confundidos con los textos poéticos, identificables éstos últimos cuando hay exceso de figuras literarias con retórica. Hölderlin sería un paradigma de este caso. Cuando uno busca las palabras, es muy interesante cómo se calcula el acto para encontrar las palabras exactas, para decir lo que quieres decir de manera puntual, sin caer en las trampas que el lenguaje pone y tu propia mente.
Tienes una imagen poética, una intención comunicativa, una idea o concepto que se fragua a un nivel pre-verbal de significación, que en cierto momento se corporeiza y se realiza en la escritura al hablarse. Lo interesante es cómo se da esta especie de dismetría. ¿Por qué no digo exactamente lo que quiero decir, por qué puede haber una desproporción entre lo que quiero decir y lo que realmente digo? ¿Por qué digo palabras que no quería decir? Esto plantea un problema a un nivel más general, el de cómo ocurre el pensamiento en sentido amplio, es decir, cuando ocurre un monólogo interno en el que me pregunto cosas… ¿Por qué tengo antes que expresarlo con ustedes, pensarlo dentro de m? ¿Qué es la espontaneidad? Dialogar dentro de mí pero en la inmediatez del acto comunicativo. La pregunta que se hace el neurocientífico: ¿Por qué no lo sé yo mismo? ¿Por qué tengo que hablar conmigo para saberlo? Así, la literatura tiene una suerte de predicción, como un beisbolista que tira la bola para que la bateen, el escritor debe intuir cierta realidad para que su cuerpo la exprese con palabras exactas.

Mauricio Ortiz: Después de lo que hemos hablado queda muy claro que sí hay un aparato dentro de nosotros para experimentar la escritura. Es válido decir que la literatura se encarga de abordar a la persona real y las neurociencias se encargan de abordar a la persona imaginaria. En este cuarto no vemos un solo cerebro, el cerebro no existe más que en salas de operación y autopsias, mientras todo va bien, la cabeza está llena de pensamientos y sueños, deseo, tristeza, memoria, predicciones. Bueno, nada de eso cabría con tanta neuroanatomía, ¿verdad? ¿Qué es lo que se busca en la escritura? No es lo mismo el poeta, el ensayista, el novelista, todos buscan algo distinto en el proceso creativo. En todos los casos, se utilizan diferentes propiedades del aparato imaginario que está dentro de nosotros (el cerebro). Hay un dato con el que me gustaría terminar: Se conoce que entre artistas de todo tipo, es más frecuente que aparezca la sinestesia. Entonces lo que ocurre en el proceso de la escritura es ese fenómeno, podría decirlo sin dudar: la escritura es un proceso sinestésico. La literatura es metáfora, pero metáfora entendida como una función completa del cerebro que implica trasladar a otros lugares diferentes sensaciones y pensamientos, como lo hacemos al escribir nuestros sueños.


Bruno Estañol: La literatura es un experimento mental nada sencillo. Pero al fin de cuentas mental, e involucra un experimento de inmersión en otra realidad que también nos pertenece pero no podemos explicar del todo.




Transcripción de la charla hecha por Carlos Rgó
Centro de Cultura Digital
14 de noviembre, 2014

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