6.2.16

Reality Show

Por Leslie Borsani

Es el día 10,909 en la vida de Truman. Tiene alrededor de 30 años; casado con una atractiva rubia de sonrisa perfecta. No tienen hijos. Vive en un pequeño pueblo a las orillas del mar; la gente es amigable, tal vez demasiado. Llega a su oficina, antes ha comprado el periódico y una revista para su esposa. Al anochecer, unas cervezas con un amigo. La puesta del Sol es perfecta, es el trabajo del pincel de Dios. Al día siguiente: lo mismo. Para él, y nosotros, todo es cierto. Nada de lo que vemos es falso. Todo es real, incluso demasiado real: las sonrisas, la ropa, el caos de las pláticas y los ruidos en la calle; demasiado ordenado. Bajo esa realidad, la vida de Truman no es "normal", es, sin saberlo, el protagonista de un show de televisión desde que nació. El primer niño adoptado por una corporación. Truman creció junto a la tecnología. Una vida humana grabada y difundida en vivo y sin cortes comerciales. Sí, se trata del argumento de la película Truman Show, filmada en 1998, por Peter Weir. Dentro de ella, le preguntan al creador del exitoso reality show, cómo es que Truman no descubre la realidad de la naturaleza del espectáculo, a lo cual responde: "Aceptamos la realidad del mundo que nos presenten". Finalmente, el traumatizado Truman logra salir del inmenso set y enfrentar a su creador. Así que, la aceptación de la vida que le impusieron no fue eterna. ¿Cómo logró salir? A mi parecer, siendo escéptico.

El escepticismo, más allá de un método o la negación de nuestra capacidad de conocer algo con seguridad, es una actitud, y como tal debe ser defendida. Poco le quedaría a la filosofía sin los argumentos escépticos. Incluso, Descartes, que afirmó haber refutado definitivamente al escepticismo, tuvo que partir de la duda como medio de establecer la verdad. Así, la filosofía, más que erradicar toda duda posible para alcanzar un fundamento seguro e inamovible para nuestro conocimiento, y así tal vez, descubrir la verdadera naturaleza del mundo, no debe buscar ningún final: hay que defender el escepticismo. En palabras de Stanley Cavell: "...el escepticismo es un lugar, probablemente el lugar secular fundamental, donde se expresa el deseo humano de negar la condición de la existencia humana".

Ya Goethe, en Fausto, nos mostró entre otras cosas que no es conveniente intentar llegar a un conocimiento total; esa manía ilustrada ha originado sistemas filosóficos "finales" que pronto decepcionan y se descubren como fantasías. Lo cual, lejos de decepcionar, debe emocionar. Borges, seguramente el argentino más citado, no bromea al decir que la metafísica es una rama de la literatura fantástica, y los filósofos deben ser los escritores con mayor libertad poética.

Si el creador del show hubiera desarrollado una teoría del conocimiento que despejara el escepticismo de Truman ante las paredes de utilería, Truman pudo haber muerto en el estudio de televisión sin descubrir la verdad. Y: ¿Qué pasa cuándo logra salir? ¿Sus dudas se despejan ante una realidad, ahora sí, real? Esperemos que no, que su actitud escéptica no se haya detenido, porque ¿quién le asegura que en lugar de salir no ha entrado en un set más grande?


Teoría del Conocimiento II
26 de abril, 2011
Facultad de Filosofía y Letras, 
Universidad Nacional Autónoma de México