28.11.15

Entrevista con Hermes Paralluelo

A propósito del estreno de su película No todo es vigilia (2014), en la Cineteca Nacional.
Por Carlos Rgó

Foto: José Díaz 


¿Cómo te ha tratado la ciudad? 
Muy bien, esta es la cuarta vez que estoy aquí. Vine a FICUNAM en 2012 y a principio de este año. Me gusta mucho. ...aunque mis visitas siempre son breves. A veces tengo un día o dos libres. He visitado las pirámides, el Templo Mayor, el Zócalo. Ahora que recuerdo el Museo de Arte Popular, los alebrijes de ahí me encantaron.

Debo confesar que cuando me enteré que hablaría contigo, empecé a indagar sobre tus influencias y llegué rápido a Pedro Costa. Mis preguntas van a estar relacionadas con muchas de sus ideas. Una de tantas, tiene que ver con lo que repetidamente te preguntan, si tu película es un documental o una ficción. Pedro Costa dice algo muy sensato: que no debería existir diferencia. Que el cineasta hace una síntesis de ambas y al hacer esa síntesis crea un mapa o una puerta, un camino para que uno como espectador vea a través de la película la realidad. ¿Cómo vives esas etiquetas que le ponen a tu trabajo?
Si me lo preguntan, siempre digo ficción. Una sí-ficción, porque documentar nunca lo he hecho. Tengo una inquietud por retratar algo y a través de ese retrato expresar para alimentar mi deseo de ficción, que me conmueva y estimule para reconstruir un algo. Que sea un disparador. Para trabajar considero necesario ese deseo de ficción. Si me preguntan digo que hago películas de ficción, aunque nadie me lo crea... La terminología no es relevante, lo importante es usar las imágenes y los sonidos para expresar cosas, y enfrentar las limitaciones reales que aparecen al trabajar la ficción. Supongo que las etiquetas las pone el crítico, a mí no me importan. Cuando uno trabaja no es tan buena idea definir el trabajo. Expreso el sentimiento y uso las herramientas que el cine tiene para hacerlo, no quiero decir a priori qué herramienta y usar y cuál no…

La materialidad con la que está hecho el cine involucra una perspectiva distinta de lo que son tus abuelos. Trato de pensar algo así como: ¿qué viste de tus abuelos que no habías visto de ellos como personas reales y que se hizo visible a través de la película? ¿Qué hace el cine con ellos, ya sea como personajes o como personas?
El cine fue una manera de acercarme a ellos. Aunque tampoco pretendo que mis abuelos sean realmente mis abuelos. Son unos personajes que están construidos en parte de lo que son mis abuelos fuera de la película, pero al mismo tiempo, mis abuelos también son parte de los personajes, parte esencial de lo que son mis personajes.
El cine te permite explorar. Para mí hacer la película era la necesidad de retratarlos caminando juntos, necesitaba eso. Siento cosas cuando los veo caminar y sé que el cine es capaz de expresar algo de lo que siento, pero también algo distinto. No creo que el cine sea mi mirada sino que a través de la sensibilidad de una mirada mía, se muestran unas expectativas para llegar a algo, pero el cine hace algo distinto. Nunca es exactamente mi mirada, en realidad es un experimento. Pondré aquí la cámara y veamos qué pasa, el mundo lo veo así, me inquieta, pero qué pasará si la cámara lo registra. La respuesta a eso es nueva y diferente de lo que uno puede ver, de lo que yo como director veo. Los personajes crecen de una manera que no lo puedes imaginar. No concebía el volumen que iban a adquirir los personajes. Sí puedo reconocerlos, al menos como parcialidades, pero no sabía la medida de qué cosas serían las que más construirían o las que menos su identidad dentro de la historia. Es bastante misterioso el proceso de hacer una película…

Esto de que no podías prever todo lo que sucedía se nota en la parte cómica de la película. Leí que al final del proceso la creías más densa, y que poco a poco la historia fue percibida de maneras muy diferentes.
Cuando terminé la película la creía así, pesada, densa. ¡En el estreno parecía una comedia de Leslie Nielsen! Hay gente que se ríe en proyecciones donde es más solemne el ambiente. Sí me gusta eso, que la película tenga su propio peso, y a su vez, siempre me siento cómodo cuando lo absurdo o el humor puede entrar en la película y cuestionar todo. A veces no me gusta tanto lo solemnidad, y si la hay, que sea para romperse. Irrumpir la solemnidad con el humor. A veces hace más mundano el trabajo realizado, más humano tal vez, eso es bueno para mí.

Supongo que ya no es la misma película que hiciste. ¿Cómo ha cambiado para ti No todo es vigilia con el recorrido en tantos festivales?
Uno aspira a que una película sea un organismo con cierta vida. Siento que lo logré. Pero me gustaría separarme un poco de la película. Está bien hacerla y dejarla. Para mí sería ideal no seguirla tanto, sin embargo creo que es enriquecedor viajar, conocer personas y vivir otras realidades gracias al trabajo que realizas. Un director debería hacer algo y retirarse de su obra. Me gustaría que cada espectador haga suya la película. Ya no es mi película, no tengo ese sentimiento de posesión con ella.

En algún lugar te escuché decir que filmar con tu abuela era muy parecido a la relación que tuvo Kinski y Herzog, ¿cómo fue eso?
[Risas] Sí, es que ella es incontenible e incontrolable. En la película mi abuela me hacía recordar a un personaje de mi película Yatasto: "Ricardito", que es un personaje que no cede; la película misma no puede abarcarlo y con mi abuela también pasaba. A veces quería conducirla y ella se iba a un  lugar contrario. Y eso en el rodaje no da tanta gracia, te quieres matar y piensas que no va a salir bien. Luego te das cuenta que lo contrario de tu idea original es mejor. Intento llevarme la contraria cuando trabajo. Pienso: “la mejor idea es esta”, pero en algún punto me doy el tiempo para dudar de mí y trabajar desde los contrarios para desplazarme a lugares que no tenías previstos y que pueden aportar algo importante.

Te contradices para encontrar una relación fundamental entre dos ideas…
Sí, te puedes dar cuenta que tu planteo inicial no funciona, o encuentras un punto medio y te reafirmas. Mi abuela me contradecía y no podía controlarla. Me interesó eso, trabajar con lo incontrolable, dar lugar a ello, que lo incontrolable me controle a mí.

Decía Herzog que en Fitzcarraldo preparaba a los espectadores para que no diferenciaran entre sueño y realidad. Hay un barco y todo está bien, pero en otro momento, la gente ya no sabe si lo que ve es real o no, si en verdad ve un grupo de hombres que intenta subir un barco por una colina. Pienso que No todo es vigilia también prepara al espectador para diluir los límites entre la vigilia y el sueño.
Me interesa mucho que el estado de la película se permeara del sueño. Me encanta la capacidad del cine para que cualquiera de nuestros estados perceptivos estén a un mismo nivel y ninguno sea más importante. Además, no hacer grandes cosas para marcar esa capacidad de mezcla, no intentar marcar una diferencia para que al final la realidad compleja que somos se exprese en diferentes estados perceptivos por los que andamos siempre.

Claro, no hay un barco en tu película…
Ja ja, no hay un barco, claro. Pero de alguna manera tiene mucho que ver con eso que dices, porque hay cosas dentro de la película que desafían ciertas leyes físicas con las que estamos o creemos que está hecha la realidad.

La pérdida de la memoria tiene que ver con la vejez y la muerte. Hay cosas que filmas que no están ahí, como todas esas historias que cuentan los personajes, filmas a manera de remembranza, evocas un pasado que podemos visualizar gracias a una foto, un andar, un gesto o la voz de tus personajes principales. ¿Qué pasa con las historias que cuentan los personajes?
Sí me interesaba mucho ese tema, el  momento en que una historia deja de ser escuchada y dejará de compartirse. Una persona mayor puede tener una historia relevante para nosotros y eso desaparece si no la escuchamos. Paradójicamente al hacer la película me fue imposible expresar eso, porque la película contiene la memoria y el relato, entonces salva ese temor por la pérdida de la memoria. Se podría decir que la película protege las historias.

Hay una idea de vejez que se complementa, lucha o se contradice a través de los personajes, ¿qué tipo de relación tienes con esa última edad, qué piensas de la vejez?
Una de las cosas positivas de la vejez es despojarse de la necesidad de vender una imagen de sí mismo.  Eso lo vi bastante en mis abuelos y fue una de las cosas por las que creí que ellos tenían mucha capacidad para expresarse en lo cinematográfico. No tenían esa barrera del yo quiero mostrarme de tal forma. Soy así, me expreso y vamos a jugar al cine. Y al jugar existir en lo cinematográfico, así mi esencia no tendrá barreras. Nosotros los jóvenes tenemos muchas proyecciones de cómo ser ante alguien, construimos muchas imágenes de nosotros mismos que no parecen expresar qué somos.

En los inicios del cine, filmar a la gente que sale de una fábrica era natural, el gesto se pierde cuando alguien dirige y empieza a dar órdenes, poner la cámara para ver qué pasa… creo que tu película recupera gestos perdidos, naturales a través de la dirección que llevas en la película gracias a los actores, el sonido, la imagen. Parece que tu trabajo encuentra lo natural desde otra vereda…
Sí hay mucho trabajo de dirección. Yo no creo tanto o no me interesa mucho la naturalidad. No le veo una virtud muy grande mas que a la impostura, creo que ambas cosas pueden expresar cosas esenciales de un sentimiento. A lo que voy un poco, a lo que me implico es a expresar sentimientos internos de los personajes, gracias a un trabajo en conjunto. No quiero engañarlos, ni tampoco decirles que se olviden de la cámara, quiero que seamos un equipo que trabaja hacia una dirección determinada. Entonces no me importa tener que repetir, dar acciones, porque eso al final es mi modo de llegar a expresar cosas íntimas de cómo el ser humano percibe el mundo desde su posición particular y única.

Sé que la idea de la película nació del tiempo que pasaste con tu abuelo en un hospital,  cuando enfermó y lo internaron. Sin embargo, en la película percibí una vitalidad, casi podría decir que se ven jóvenes aun siendo viejos, ¿crees que el cine les dio cierta energía o voluntad? Porque hacer una película es cansado, implica mucha concentración. ¿Crees que el cine les dio fuerza? Como si les diera otro tipo de vida, por decirlo de alguna manera.
Sí. Eso es importante señalarlo. Estoy de acuerdo con eso. Una de las grandes dudas antes de iniciar la filmación era eso, si ellos soportarían el ritmo de trabajo para aguantar el esfuerzo físico emocional que implica hacer una película; pero lo hice. Lo que vi es que realmente ellos encontraron energía en el hecho de hacer la película, eso me parece genial. De verdad, creo que hay gente que se cansa o se aburre cuando no tiene un sueño fuerte o un motivo de por qué hacer las cosas. Mi abuelo me decía “cuando termine la película ya me puedo morir”, no se quería morir antes de terminarla.

Sí, se nota esa fuerza de querer estar ahí para mostrar algo, creo que es clave para conmover o remover tantas emociones… Vi un video en el que les comunicas a tus abuelos que No todo es vigilia ganó un premio en el Festival de Cine de Bratislava. Por un momento parecía que la película y esa vitalidad de la que hablamos estaba ahí, ¿cuál es el límite del cine con respecto a la vida en No todo es vigilia?
A mí me gusta dejar claro que la película se termina pero la vida continua. Me gusta dejar claros los límites de mi trabajo, por eso me gustan tanto las elipsis. Casi toda la película está grabada con ellas, hay un plano y luego una elipsis, es difícil que exista un plano en continuidad, siempre que hay un desplazamiento de la cámara, hay algo de la vida que se pierde, que no aparece, que no puedo captar porque me muevo de un sitio a otro. No soy un ojo que todo lo ve sino que tengo mis límites. Me gusta que eso se exprese en la película. Me gusta marcar los límites de lo que es la vida dentro del cine y qué es la vida fuera del cine.

Pedro Costa y Caballo dinero, ¿qué te parece la manera de percibir los espacios en ella? Lo pregunto porque hay un trabajo importante de los espacios en tu película y es una referencia importante.
La primera vez que la vi me pasó por encima, la he visto 5 o 6 veces. He tenido la suerte de encontrarla en varios festivales. Siempre que puedo la veo. Es tremenda. Toda una experiencia. Tiene una capacidad para concentrar un montón de cosas. Es una película muy condensada, llena de tensiones entre las imágenes y los sonidos, me parece muy misteriosa. El mundo que crea es… ahora tengo que escribir una nota sobre Pedro Costa para una revista de argentina, y justo pensaba de qué manera sus últimas películas tratan de cómo la casa de los personajes ya no existe, no tienen un hogar, hay un cierto desarraigo y Costa les construye un hogar. Él los arropa en lo cinematográfico; les crea su marco de expresión. Y esa es una manera de contar su historia, no es una manera menor de hacer las cosas. La historia de los oprimidos de personas que han sido lastimadas… Costa trata de contar la historia de estos personajes pero a través de una buena forma, de una buena letra, con mayúsculas, dándoles el espacio que se merecen, y sobre todo le da un lugar a la memoria, conforma la memoria de ellos a través de los espacios. Les da una extensión cinematográfica a los recuerdos de los personajes.

Es una gran película, sin duda alguna. 
Y ya para terminar, ¿qué tipo de relación tienes con la literatura de Macedonio Fernández? El título viene de un libro de él: No toda es vigilia la de los ojos abiertos.
Me parece que es uno de los escritores con el que me emociono más entendiendo su gramática. Entiendo misterios de la metafísica en ella. Ahí está el secreto, en la forma de usar el lenguaje. Él se implica mucho con sus palabras y cuando necesita expresar nuevas cosas crea un nuevo lenguaje gracias al juego que hace con las reglas gramaticales. Reconstruye las reglas que ya existen, eso me interesa. Cuando empiezas a leer a Macedonio Fernández te confundes, a mí me pasó. Decía, ¡qué idioma es este! ¡Cómo usa las palabras, los verbos, las mayúsculas, es algo que me sorprende mucho! Sin duda confunde pero al seguir sus líneas poco a poco entiendes la lógica de su expresión.

Gracias, Hermes. Una cosa más, ¿siempre hay que revisitar las películas de Yasujirō Ozu, no?
Sí, yo con Ozu conecto de una manera especial. Sus películas me hacen estar en una frecuencia de hogar. Puedo vivir a través de la idea de "casa" en sus películas. El cine como un lugar habitable. En sus películas puedo vivir y descansar, estar a gusto; claro, existen tensiones en sus historias pero la lógica del universo de sus películas y de la sensibilidad con la que muestra a los seres humanos es un sitio donde uno quiere vivir. Donde yo me siento como en casa.

Pedro Costa dice que los mejores documentalistas son los grandes cineastas: Chaplin, Griffith, Ozu, y en la mayoría de los casos, una película es un documental de su propia filmación. Creo que por ahí va lo que hiciste en No todo es vigilia. Tu película es muy Ozu, muy Costa, si hay gente que la toma como documental, para mí iría en esa dirección.
Sí, me gusta más esa idea del documental.


Gracias a Butaca Ancha por la oportunidad de realizar la entrevista.
24 de agosto, 2015